sábado, 19 de marzo de 2016

You Must Believe in Spring.Bill Evans

You Must Believe in Spring o Debes creer en la primavera es el título en inglés de Chansón de Maxence, una de las canciones incluidas en la película Les Demoiselles de Rochefort dirigida por Jacques Demy en 1967, cuya banda sonora fue compuesta por el autor francés Michel Legrand.


You Must Believe in Spring fue grabada por primera vez por Bill Evans en el otoño de 1976 en el album Together Again, segundo disco que grabó con el cantante Tony Bennet. En el verano de 1977, volvió a grabar por segunda vez You Must Believe in Spring en el álbum de mismo título, que fue el último que grabó en estudio y, también, la última grabación que realizó con Eddie Gómez, contrabajista que fue su acompañante habitual durante 10 años.

Todo el disco, que se mueve en un estilo pleno de sencillez y serenidad que no se compadece con los agitados y espídicos últimos tres años de actuaciones – entre ellas la de Madrid en 1979 - no se editó hasta enero de 1981, cinco meses después de la muerte del pianista.


Bill Evans en el Festival de Montreux de 1978
(de Wikipedia)

Yo adoro esta canción, (como muchas otras de Evans), y la recuerdo siempre en vísperas del comienzo de la primavera en que el agotamiento del invierno y cierta astenia te llegan a sumir en cierta tristeza. Es un mantra, un antídoto o, si quieren, un remedio contra la melancolía y la incertidumbre. 

Sí, definitivamente, debemos creer en la primavera.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Leo a Tomás de Aquino en el Smartphone. Juan Antonio González Iglesias.

Entre la poesía que podríamos acabar considerando como “poesía de (cierta) temática científica”, puede ocurrir que la presencia de motivos científicos o tecnológicos no sea extensa sino más bien breve; apenas una frase escogida inscrita, junto con otras más, en el sentido e intención del poema. Sin embargo sucede, a veces, que esa pincelada – aportada desde la ciencia y la tecnología – se constituye en referente y uno de los atractivos fundamentales del poema.


Es lo que ocurre con Leo a Tomás de Aquino en el Smartphone de Juan Antonio González Iglesias. Su sorprendente endecasílabo inicial es tan impactante; tiene tanta fuerza la imagen de llegar a usar un smartphone para leer a Tomás de Aquino en latín, que el poema queda marcado y hasta cuesta trabajo alejar esa imagen para centrarse en la lectura del resto del poema.

LEO A TOMÁS DE AQUINO EN EL SMARTPHONE

Leo a Tomás de Aquino en el Smartphone,
en latín, el pasaje en que afirma
que el bien se expande por el mundo. Todo
alrededor podría desmentir
ese olvidado axioma tan hermoso.
Porque el mal igualmente se difunde.
Pero todo también alrededor
confirma el bien, su difusión incluso
física. Yo podría
dudar, pero no dudo, de esta fórmula
escrita en un idioma
pensado para el mármol, para el bronce,
para neta incisión cuadrada de oro
de una letra tras otra en la moneda,
para la delicada miniatura.
Y ahora para la página del móvil.
Sé que se concatenan los efectos
de los actos. También los de las cosas.
Todo se multiplica. Sea el poema
una más de las cosas, y su peso,
si hiciera falta desequilibrar
el mundo, para bien
desequilíbrelo. Difúndase. Una brisa
deliciosa recorre el parque en esta
tregua de agosto matinal, su soplo
desciende, hecho de líneas invisibles,
desde la sierra fría hasta la playa.

Juan Antonio González Iglesias


martes, 15 de marzo de 2016

¿Quién canta al AVE?

No parece que los trenes AVE estén dando juego para la poesía. ¿Conoce alguien algún poema, canción o similar en que se mencione el AVE, para bien, para mal o para lo que sea?  

Algo escribí yo aquí en esta perplejidad,  ya hace casi cuatro años.

viernes, 11 de mayo de 2012
Rodrigo.


En el primer AVE matutino, camino de Sevilla, el buzo puede asombrarse con la primera luz del día y contemplar el prodigio de ver amanecer a través de las ventanas del tren.  Con plena sensación de calma, a pesar de saber que el AVE nos lleva a unos 300 km/h.



Amanecer en La Mancha

Esto viene a suceder cerca de Ciudad Real y uno intenta saborear y hacer real ese instante, para que permanezca en nosotros, el mayor tiempo posible, esa sensación de irrealidad y fantasía...pisando la dudosa luz del día.

Por un afortunado azar, a través de los cascos, la música del AVE nos trae la canción Reality and Fantasy, enormemente bella y sugerente, que ayuda a retener, para el futuro, ese instante.




Canción y cantante, Raphael Guallazzi, nuevos para el buzo y felizmente descubiertos. Piano y voz de  jazz ligero. Música de club. Un aire a Via con me (It's wonderful)

¿Estamos ante un digno sucesor de Paolo Conte?

Era por el AVE, pero sobre todo era por el amanecer y por el descubrimiento de Raphael Gualazzi

No veo para el AVE nada comparable, por citar sólo algunos ejemplos, a El tren expreso de Ramón de Campoamor:

...
Luego, a una voz de mando
por algún héroe de las artes dada,
empezó el tren a trepidar, andando
con un trajín de fiera encadenada.
Al dejar la estación, lanzó gemido
la máquina, que libre se veía,
y corriendo al principio solapada,
cual la sierpe que sale de su nido,
ya al claro resplandor de las estrellas,
por los campos, rugiendo, parecía
un león con melena de centellas.
...

O a la canción O tren de Andrés Do Barro; o a las “postales” de Agustín García Calvo en su poemario Del tren

Nuevamente cantemos
las gracias debidas
al ferrocarril
y a sus castos ingenieros
...

Sólo me viene a la cabeza el finado (y llorado y añorado) Javier Krahe y su Alta velocidad: una visión más que rápida (supersónica) y más que práctica (cínica) del AVE.

Parece que casi nadie canta al AVE.


martes, 8 de marzo de 2016

En la misma página

Me encuentro con la noticia de la rueda de prensa dada por la tenista Sharapova, después de haber dado un positivo en un control antidopaje efectuado en la última edición del Abierto de Australia, hace poco más de un mes; en el que se detectó Meldonium, fármaco que fue incluido entre las sustancias dopantes desde el 1 de enero de este año 2016, en el que, por cierto, la tenista no ha competido.


Sharapova en 2012, (De Wikipedia)

Las reacciones han sido desaforadas. El mismo periodista, que firma la noticia, no se corta un pelo y con una impiedad manifiesta acaba la noticia con el churretón siguiente:

"… y desde ahí cimentó una lustrosa trayectoria que incluye los cuatro majors, 35 trofeos individuales y una plata olímpica (2012). A partir de ahora, también, un importante borrón. La alargadísima sombra del dopaje."

Ni desde luego la tenista Jennifer Capriati, que, a través de Twitter, declaró:

“Si esto se demuestra, ella debería ser desposeída de sus títulos…¿Cuál es el interés en tomar un medicamento para el corazón si no se tienen problemas cardiacos?”

Y todo ello, con un producto que, según se indica  en el artículo Maria Sharapova, la última de la lista del meldonium:“ni siquiera su inventor, el bioquímico de Riga Ivars Kalvins, sabe cuáles pueden ser sus efectos sobre el rendimiento ni su mecanismo de acción.”. 

Y sigue: “Solo se sabe que está en la lista de dopaje en la vaga categoría de moduladores hormonales porque tras descubrirlo de chiripa en la orina de más de 100 deportistas rusos en el laboratorio de Colonia las autoridades antidopaje llegaron, guiados por una perversa lógica, a la conclusión de que si se consumía tanto era porque era bueno, y si era bueno para el rendimiento habría que prohibirlo.”

Esto es; "ciencia pura", como se puede ver. Y, sobre todo, que no estaba prohibido hasta el 1 de enero de este año. Inquisitorio y lamentable.

En la misma página de el diario El País, esta la noticia de la despedida de Peyton Manning, el gran quarterback de los Broncos de Denver, ganadores de la última Super Bowl; que a sus casi cuarenta años, lo ha sido todo en el futbol americano, marcando, junto con Jim Brady, de los Patriots, una época.


Peyton Manning (De Wikipedia)

Tengo que confesar que me fascina el futbol americano, pese a que no entiendo prácticamente nada de sus complicadas reglas. Para mí es, básicamente, la figura del quarterback, (un hombre solo), con el balón en la mano, avizorando el mejor punto para pasarlo a un compañero, mientras la mitad del equipo contrario lucha por ir a interrumpirlo, a derribarlo o a machacarlo (como a veces ocurre), y la mitad de su propio equipo trata, a la vez, de defender su posición. Serenidad, soledad  y precisión. Y respeto.

Me quedo, también, pensando el revuelo que se podría armar aquí en España a cualquier deportista que se despidiera de su carrera con la frase con que lo ha hecho Manning: "Dios bendiga al futbol americano"

jueves, 3 de marzo de 2016

Lecturas en tiempos de investiduras

Después de día y medio de debates en el Congreso de los Diputados, seguimos con la cabeza caliente y con los pies fríos. Como uno no está lo bastante capacitado para análisis más o menos sesudos sobre la difícil situación que se presenta a uno o dos años vista - como sí lo están, sin duda, la miríada de comentaristas, periodistas, tertulianos diversos y resto de espontáneos – me conformo con destacar dos artículos que, entre tantos, me han llamado la atención.

El primero es El hombre anumérico, escrito por Luis Ventoso en ABC. Rememora el libro del mismo título del matemático y excelso divulgador John Allen Paulos



Título que aplica al automandatado candidato Sánchez, que no dio un solo número en toda su intervención al respecto de toda la retahila de medidas que fue exponiendo.  A continuación reproduzco uno de sus párrafos.

“… confieso que a mitad de su discurso comencé a sentirme un poco insultado en mi pequeña inteligencia. Y es que no creo que el profesor Sánchez, economista, padezca de analfabetismo matemático. Lo que sí creo es que nos estaba vendiendo una moto,..., un tocomocho programático, un regreso acelerado al ilusionismo económico de Zapatero…”

Estupendo artículo, original, bien escrito y sin acritud. Difícil no estar de acuerdo y, además, me hace recuperar Un matemático lee el periódico, también de Allen Paulos, que andaba despistado por casa y al que conviene volver de vez en cuando, para leer con cuidado las matemáticas y estadísticas que tanto abundan en la prensa y demás medios de comunicación.

En otra tesitura se mueve Elogio del miedo de Iñaki Ezquerra, que ocupa la tercera de ABC de ayer, día 2 de marzo. En él se pone en cuestión la actualmente extendida denostación o condena unánime del miedo y reclama el derecho a usar de un miedo prudente en nuestra vida y nuestras decisiones. La entradilla dice:

“Aquí todos tienen derecho a meter miedo con perros o con citas de Lenin menos los que sentimos un miedo prudente a que este país retroceda a las situaciones que nos aterrorizaron; al fantasma de la quiebra que se alejó hace sólo dos años y a la ruptura de la baraja de la convivencia con la que nos llevan amenazando cuatro décadas los nacionalistas”

Además, el artículo, acaba con unos versos extraordinarios del recientemente desaparecido Santiago Castelo: “… miedo a la soledad, a la agonía/ miedo a perder mi parte de alegría/ y a dudar de un cariño que no niego…/ Tengo miedo, Señor. Y ya es de día”


miércoles, 2 de marzo de 2016

Einstein y las ondas gravitatorias. David Jou.

Varias semanas después de la primera detección directa de las ondas gravitatorias, realizada en el observatorio LIGO en USA, con la participación de más de mil científicos; recordamos el poema Einstein y las ondas gravitatorias  del físico y poeta catalán David Jou


Ilustración de ondas gravitacionales producidas por dos agujeros negros.
(Imagen: Henze/NASA en www.ligo.caltech.edu)

Se habla en él, de los oscuros sonidos surgidos del tambor del espacio-tiempo: las ondas de gravitación pura que nadie había oído, salvo Einstein en sus cálculos. Se mencionan, también, los cilindros de acero hipersensibles escrutando el cielo a la busca de la onda que no llega; y la legión de científicos afanados en explorar las delicadas vibraciones de la tiniebla. Y nos exhorta a seguir abriendo las ventanas al espacio y llenarnos de infinito.

 Einstein y las ondas gravitatorias

Más allá de la música de las esferas,
Einstein escucha un tam-tam oscuro
en el tambor tenso del espacio-tiempo,
ondas de gravitación pura
que jamás ha oído nadie
sino él en sus cálculos.
Cilindros de acero frío, hipersensibles,
escrutan todos los cielos a la búsqueda
de un eco, de un hálito de onda que no llega.
Y cada vez son más los que se afanan,
con instrumentos y números, a explorar
las más difíciles titilaciones de la tiniebla,
ritmos escurridizos y elusivos.
Haced como ellos:
llenaos de infinito,
y dejad entrar al espacio por las ventanas abiertas.

David Jou i Mirabent, (Sitges, 1953).

Ver más en La alegría de las musas