jueves, 12 de abril de 2018

Friso ultraísta. Guillermo de Torre.

Desde sus inicios, el cine y sus actores y argumentos han sido,  frecuentemente, tema y  objeto de la poesía. Además en muchos de los poemas pioneros en su contenido cinematográfico abundan referencias a las nuevas tecnologías que incorporaba el que luego se llamó séptimo arte: cinemática y óptica, sobre todo, pero también electricidad, megnetismo, química, etc. 


Un ejemplo de ello es el poema Friso ultraísta de Guillermo de Torre en que la “pantalla cinemática” provoca reacciones, sensaciones y neologismos ultraístas.


Friso ultraísta

Un clamor concéntrico,
estremece a los espectadores,
de nervios velivolantes,
y en el vértice multiédrico
del lumínico haz triangular,
se refractan miles de miradas dardeantes.

¡Oh el vibrar multánime de la pantalla cinemática!

Cabalgata de figuras adamitas
posesas del vértigo giróvago,                                    ANTENAS
en las praderas equinocciales

Horizontes paróxicos.
Subterráneas locomotoras.
LLAMARADAS                                               Constelaciones de aviones.
Sierpes de automóviles.
Ramilletes de hélices.

¡OH EL INEFABLE VÉRTIGO VIBRACIONISTA!

Interferencias de gestos antagónicos,
pasiones auríferas
     y complots sangrientos.
¡HURRA POR EL                                               ¡Un haz de fibras convulsivas
                    FILM                                           culmina en vértigo dinámico
          NORTEAMERICANO!                       la epopeya de la objetividad!...

Franjas multicromas se expanden:         (A un ángulo penumbroso
Persecuciones. Incendios.                           la incolora delicuescencia
Tiros. Salvamentos.                                     – besos, trucos y claro de luna –
del film italo y francés.)

El simultaneismo accional
                                            multiplica las diplopías.
CARAVANA                             
CINEMÁTICA

y las sensaciones dinámicas
                                   se inmovilizan unánimes
                                                              ante el objetivamente fotográfico.

Revista Grecia, Mayo, 1919
Guillermo de Torre. (Madrid, 1900 - Buenos Aires, 1971)


miércoles, 11 de abril de 2018

Marías, el vals Kupelwieser y Juan Benet

Aquí estamos de nuevo; con la escafandra puesta a ver si encontramos el punto. En la vuelta, este domingo, me he encontrado en El País Semanal con el Javier Marías que prefiero. Recuerda en Valsuna de sus raras columnas íntimas, (ya que en la mayoría se acaba metiendo siempre en charcos; lo que también me gusta), a Juan Benet en el vigésimo quinto aniversario de su muerte.





Juan Benet 
(Imagen de archivo. Diario de León, 17-10-2013)

Y ahí encontramos al "joven Marías", entusiasta acompañante y amigo de ese extravagante ciudadano, ingeniero notable y extraordinario escritor que fue Juan BenetEn el artículo aparece, (en realidad su núcleo principal), el vals Kupelwieser, mínima y delicada obra de Schubert, favorito exagerado, "a la benetiana", del escritor; que entendemos que pueda merecer - como al parecer hacía Juan Benet - su reproducción y escucha repetida y continua durante horas.

Obra cortísima, (entre menos de minuto y medio y dos y pico según versiones), fue interpretada por Schubert en la boda de su amigo Leopold Kupelwieser celebrada en 1826 y nunca quedó escrito por el músico vienés, sino que quedó como pieza de oido, propiedad de la familia Kupelwieser durante generaciones; hasta que fue transcrito por Richard Strauss en 1943.

No he visto en internet las versiones que menciona Marías en su columna. Me quedo con dos interpretaciones: la de Sergey Kuznetzov, rápida, y la de la joven pianista georgiana, Salome Jordania, más lenta y que me parece más sentida.

Con el frío y la lluvia petarda de esta primavera, volver a leer Otoño en Madrid hacia 1950, con el vals  Kupelwieser sonando repetido y contínuo, a la "benetiana",  varias horas. Un buen plan.



domingo, 25 de marzo de 2018

Fue despreciado

El pasado martes, 20 de marzo, la Orquesta de la Comunidad de Madrid interpretó, en el Auditorio Nacional, El Mesías de Haendel. Dirigido por Victor Pablo Pérez, sonó muy bien, con los contrabajos y violonchelos soberbios, el coro muy bien, como siempre,  y la contralto Hilary Summers excelsa.

Sonó muy bien este Mesías, preludio musical por antonomasia de la Semana Santa. Hoy ya ha pasado el Viernes de Dolores que, como sabemos. rememora los Dolores de la santísima Virgen María, pero en el que también podríamos haber reflexionado y rezado por los dolores de Nuestro Señor que recordamos cada Semana Santa.




Ecce Homo (Gil de Ronza, 1522)
Cofradía de la Vera Cruz de Zamora

En el principio de la segunda parte de El Mesías, después de Cordero de Diós, suena el ária para contralto He was despised (Fue despreciado), en el que el autor del libreto Charles Jennes, retoma la voz del profeta Isaías. 

He was despised and rejected of men,
a man of sorrows and acquainted with grief. (Isaías 53:3)

He gave his back to the smiters,
and His cheeks to them that plucked off the hair:
He hid not His face from shame and spitting. (Isaías 50:6).

Fue despreciado y rechazado por los hombres,
un varón de dolores y familiarizado con la aflicción.

Presentó su espalda a los que le azotaban,
y sus mejillas a los que le arrancaban el pelo;
pero no ocultó su rostro ni a las afrentas ni a los salivazos.

Un varón de dolores, azotado y escupido, que no ocultó su rostro: Jesús, Ecce Homo, en la tarde del Jueves Santo.


miércoles, 7 de marzo de 2018

Es la lluvia que cae. Los Iracundos.

A lo mejor las canciones sobre la lluvia nos ayudan a entender estos incomprensibles y tristes días de lluvia a la que no estamos acostumbrados en estas latitudes; a medio camino entre La Mancha y camino Burgos.

En estos días me he encontrado con Es la lluvia que cae, de Los Iracundos, conjunto uruguayo de los sesenta que ha mantenido el tipo y su carrera más de 30 años. 





Es versión del tema Remember the Rain del poco conocido cantante de folk americano Bob Lind, lo que explica la letra con leves aires de canción protesta; en la línea de A Hard Rain's A-Gonna Fall o A cántaros. También he encontrado una versión italiana  E la pioggia che va, de un grupo de nombre The Rokes.

Indudablemente nos quedamos con Los Iracundos. Pero seguimos sumidos en la perplejidad de la lluvia.


viernes, 2 de marzo de 2018

Ventura Highway. America.

Go West! El espíritu de conquista del Oeste parecía seguir vivo en 1972 en que America, el grupo formado por Gerry Beckley, Dewey Bunnel y Dan Peek, sacó su segundo album, Homecoming en el que se encontraba el tema Ventura Highway.


El grupo había triunfado el año anterior con aquel Caballo sin nombre (A Horse With No Name) de su primer album, America, lleno de atinadas composiciiones de corte acústico con un esmerado trabajo de armonías vocales.

Y hoy, 46 años después, se nos antoja que Ventura Highway sigue siendo una gran canción que ha mejorado con el tiempo. Totalmente acústica, comienza con un original e hipnótico rif de guitarra, muy reiterado a lo largo del tema, que funciona como un reclamo, como un despertar del joven narrador que necesita movers desde los inhóspitos centros de los USA hacia la dorada costa californiana.

"Tell me, how long you gonna stay here Joe..."


América en 1972 en el programa de TV holandés
 AVRO's TopPop. (En Wikipedia)

Tras la primera estrofa, en la primera parte del poderoso estribillo, surge radiante la carretera a Ventura; a donde hay que ir

"Ventura Highway, in the sunshine
Where the days are longer,
The nights are stronger
Than moonshine.
You're gonna go, I know..."

En la continuación del estribillo, que toma otra forma melódica, se menciona el viento libre que sopla en el aire y nubes como caimanes y lagartos.

En la segunda estrofa el narrador se siente golpeado por una lluvia purpura: "Sorry, boy, but I've been hit by a purple rain",  que se ha comentado, insistentemente, si inspiraría Purple Rain de Prince; y vuelve a animar a Joe a ir al Oeste

"¡Aw, come on Joe, you can always 
Change your name!"

Y termina, gloriosa, de nuevo con el estribillo, "Ventura Highway, in the sunshine...", que se va apagando poco a poco; mientras se queda, para siempre, en nuestro corazón.


jueves, 1 de marzo de 2018

Lágrimas blancas.

Anteayer camino de la estación de Zamora, para volver a Madrid en el AVE, seguía nevando. El tiempo había pasado, en veinticuatro horas, de la casi primavera de la tarde anterior a la nieve, pasando por un frío polar por la mañana.





En ese momento, la nieve llevaba dos horas cayendo dulcemente, variando sólo su lenta caída los copos por pequeños remolinos cerca de las paredes de los edificios y en los cruces de las calles. Caía la nieve mansamente y me traía las palabras de la canción de Adamo:

"es como un cortejo 
de lágrimas blancas,
y el pájaro canta
las penas del alma.

Esta tarde no vendrás..."

Lágrimas blancas de melancolía y de recuerdos de los que ya no están. Esta nieve mansa del finales  de febrero en Zamora.

Cae la nieve. 1963. Salvatore Adamo 

miércoles, 28 de febrero de 2018

Perdigones a la parrilla y en crudo. Manuel del Palacio.

En 1892 a Ángel Muro - que, junto con el Doctor Thebussem y alguno más, puede considerarse uno de los protogastrónomos españoles - se le ocurrió hacer un denominado Almanaque de «Conferencias Culinarias», en el que pidió a amigos y conocidos, literatos y periodistas los más, una colaboración gastronómica para adornar el Almanaque. El resultado fue memorable y entre recetas y otras historias, se incluyen un grupo notable de poemas de temática culinaria que han quedado para la historia, la literatura y la gastronomía.




Ángel Muro (Caricatura de Escaler)
(En Wikipedia)


Manuel del Palacio, destacado poeta de la segunda mitad del siglo XIX, (junto con Campoamor y Nuñez de Arce), del que se intuye una de esas increibles biografías que dio ese siglo; se despachó para el Almanaque con este Perdigones a la parrilla y en crudo que tiene oficio y soltura, sabiduría gastronómica, gracia a raudales y un final de traca. 

Perdigones a la parrilla y en crudo
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Tomados, como es uso
los perdigones,
pártanse en dos pedazos
por los riñones.
       
En una cacerola
luego metidos
rehoguénse con manteca
bien removidos.

Pónganse en la parrilla
conforme caigan
y con salsa a la pebre
que me los traigan.
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Hay otro condimento
que se usa mucho:
meter los perdigones
en un cartucho

y cuando un enemigo
muestre la geta,
servírselos de pronto...
con escopeta.

Manuel del Palacio, (17 de diciembre de 1891)

Si nos guardamos para nosotros y para nuestra memoria la receta de los perdigones en crudo, y nos centramos en la parte de los perdigones a la parrilla; después de trocearlos por los riñones y de rehogarlos en manteca, Manuel del Palacio dice claramente: "... con salsa a la pebre / que me los traigan." Salsa "a la pebre" que no puede ser otra que la salsa del "all i pebre", el guiso de anguilas y patatas con ajo y pimentón que se hace en Valencia.





All i pebre de anguila
(En Wikipedia)

Esta salsa, que también se puede utilizar en guisos de  otros pescados, se puede hacer más o menos de la forma siguiente. Necesitaríamos - a más de aceite y sal - varios dientes de ajo, pimentón, harina, cayenas y caldo (o agua).  

Se machacan varios dientes de ajo en el mortero y se echan a la sartén con aceite no muy caliente. Se añade harina y se remueve rápido para freir la harina; y después pimentón, dulce o picante, sin dejar de remover. Depués inmediatamente, se añade caldo y agua y se cuece a fuego lento unos 10 minuto, sin olvidarse de remover. (Si el pimentón es dulce, habría que echarle 1 o 2 cayenas).

Una variación natural de la receta sería hacerla a la clásica: exactamente igual que con la anguila, y sustituir la harina en la receta anterior por patatas que se cortarían chascadas en trozos pequeños, que le darían a la salsa el espesor correspondiente. El tiempo de cocción sería superior: como mínimo 20 minutos.

De otro modo, que a veces viene así en la receta, se utiliza pan y almendras para espesar la salsa. Así, primero se fríen en aceite unas rebanadas de pan y después un puñadito de almendras que se reservarán. En el mismo aceite se fríe el ajo machacado y el pimentón que removemos rápidamente sin que se queme. A continuación se añade el caldo o el agua. Cuando empiece a hervir se ponen una o dos cayenas. Entretanto, se machacan en el mortero las rebanadas de pan frito y las almendras que se agregan al caldo que hervirá suave unos 10 minutos.

Y en esta salsa all i pebre se pueden cocinar (o aliñar con ella una vez cocinados) pescados diversos: congrio, merluza, rape..., etc. Combinaciones de los anteriores con moluscos y crustáceos también pueden quedar bien.

Y supongo que con carnes también. Al menos, por supuesto, para aliñar los perdigones a la parrilla de Manuel del Palacio.