domingo, 10 de diciembre de 2017

Épica gallinácea.

Me encuentro en las paredes de las estaciones de Metro de Madrid unos anuncios que me chocan. plantean que si uno coge el metro se convierte en parte de "un movimiento sostenible" o de "un movimiento por las generaciones futuras" o, finalmente, nada menos que de "un movimiento social en contínua evolución"; o quien sabe si de los tres "movimientos" a la vez.



Cojo el metro todos los días. Debería sentirme cool y guai de la muerte formando parte de tanto movimiento. Pero no es así; solo me siento un viajero de transporte público. Nada más y nada menos.



Veo en Reason why(que manía de poner a todo nombres en ingles), página web sobre Actualidad e Investigación sobre Marketing, Publicidad, Empresa y Tecnología, que lo que pasa es que, atención:


Metro de Madrid apuesta por la publicidad social

Se explica en Reason why: (sic)"Metro de Madrid da un giro a su comunicación con una campaña basada en la inclusión social. Bajo el nombre de "El movimiento", en esta campaña el uso del metro se convierte en un movimiento colectivo asociado a valores como la sostenibilidad o el respeto a la diversidad. Así Metro de Madrid cambia su estrategia, dándole un carácter mucho más social a su comunicación."

Así que ya saben; Metro de Madrid ha cambiado su estrategia dándole un carácter mucho más social a su comunicación. Es sólo una nueva estrategia.



Siguen: (sic) "La campaña ha sido creada por la agencia ..... Para su realización la agencia optó por lanzarse a la calle a reclutar a los protagonistas. Ecologistas, ejecutivos, parejas multirraciales, vecinas de barrio y hasta los famosos rockeros de la Gran Vía, dan vida a esta idea.

No pasan más trenes, ni hay más seguridad, ni bajan los precios. Es sólo esta épica gallinácea y blandiblú que nos están imbuyendo. A falta de hechos y de principios, tratan de inventar, para todos nosotros, películas cómodas en que podamos sentirnos importantes, incluidos  y satisfechos.

Por si no bastara con lo anterior avisan de que (sic) "La campaña “El Movimiento” tendrá una nueva entrega en fechas navideñas con nuevos protagonistas y alguna que otra sorpresa cargada de magia."

Lo de la "carga de magia" es el último mántra de estás melonadas: no suele faltar en ninguna.


Batería. Julio Martínez Mesanza.

La poesía de Julio Martínez Mesanza ha sido calificada como una “nueva épica”, aunque el autor prefiere aclarar que desde la lírica utiliza referencias históricas y los términos del combate. Siendo a la vez ciertos ambos aspectos, es más; es sobre todo la maestría de los endecasílabos más logrados en los últimos 25 años de poesía española. 


En Batería - que se incluía en el poemario Las trincheras (Ed. Renacimiento, 1996) -  encontramos esa épica mediante la ajustada descripción de actividades como dibujar la trayectoria, aplicar fórmulas de tiro y decidir el ángulo y la carga…, que son propias de la artillería que es la rama de los ejércitos que más ha necesitado y aplicado conocimientos científicos y técnicos. 


BATERÍA

Cuando a mi alrededor todo se hunde,
pienso en los mapas y en la artillería,
en el mundo perfecto de los mapas
y en la realidad que lo transforma.
Alguien elige un objetivo y alguien,
antes de dibujar la trayectoria,
busca las referencias del paisaje,
la torre de una iglesia, una montaña,
para medir con pulcritud los grados.
En las mesas de cálculo se esmeran
los que aplican las fórmulas de tiro
y deciden el ángulo y la carga.
Los sirvientes empiezan su trabajo
mecánico y febril junto a las piezas
y los observadores se impacientan
por ver la nube del primer impacto.
Cuando al fin se da la orden de abrir fuego
todo se vuelve excitación y estruendo,
cada uno es responsable de su parte
y nadie es responsable del estrago

Julio Martínez Mesanza. (Madrid, 1955)

viernes, 8 de diciembre de 2017

You don't know what love is. Dinah Washington.

Jueves Jazz
Si hoy es jueves - o así - aquí hay jazz: Jazz porque sí. Para ti que te gusta el jazz, la música del siglo XX.

You Don't Know What Love is

Uno va a FNAC a ver cámaras y al final sale, más contento que unas pascuas, con un CD triple con las grabaciones que Quincy Jones produjo y arregló  para la gran Dinah Washington - tres discos - entre 1956 y 1961.






De 1955, entre marzo y junio, es el disco For Those in Love. El grupo acompañante es magnífico:  nada menos que Clark Terry a la trompeta, Jimmy Cleveland en el trombón, Paul Quinichette al saxo tenor y Cecil Payne ¡bien! al saxo barítono, el solvente Winton Kelly al piano y la gran sorpresa de Barry Galbraith, sobrio y muy elegante a la guitarra, Ketter Bets al contrabajo y Jimmy Cobb en la batería.


Quincy Jones está a las máquinas; y el resultado es una música fluida y agradable, que a veces es imperial alrededor de la vibrante, potente y un poco metálica voz de Dinah Washington, esa gran señora del jazz que voló desde el gosdpell al estrellato, en el incipiente pop de los sesenta. En otras ocasiones, parece una tranquila jam session en que cada cual se divierte y enhebra sus cuidadas interpretaciones - y la voz un instrumento más - alrededor de estandards inmortales. Como ocurre en este You don't know what love is



Dinah Washington; casi siempre mi cantante preferida. Aparece en un poema de Luis Alberto de Cuenca que copio a continuación.

Advertencia al lector

Oyendo a Dinah Washington –son las diez de la noche 
de un veintitrés de octubre–, se me ocurre decirle 
al presunto lector de mi «literatura» 
que procure evitarla como se evita a un huésped 
molesto –un erudito, una rata en el baño–, 
y que si, por alguna razón que se me escapa, 
quiere seguir leyendo, que entienda lo que lee 
como lo que es: un grito (o un susurro) de angustia 
y soledad.

Jazz y poesía. Continuará. 


jueves, 23 de noviembre de 2017

Metal caliente. Leopoldo de Luis.

El primer verso de Metal caliente nos lleva en volandas a las míticas edades sucesivas del cobre, del bronce, etc. que, en las viejas escuelas infantiles, enseñaban a considerar la prehistoria y, por tanto, el mundo en periodos míticos que, a través de la aparición y el uso de nuevos metales, marcaban el lento progreso de la humanidad. 


Leopoldo de Luis
(web de la Universidad Carlos III de Madrid)

Pronto vamos viendo como los metales, en el poema de Leopoldo de Luis, del que en estos días se cumple el duodécimo aniversario de su fallecimiento, constituyen imágenes y material poético para describir un triste panorama; el del verano y otoño de 1936 en España y la guerra civil.

Metal caliente

Brilló entones la edad de los metales
bajo el sol rojo y alto.
El bronce se hizo sombra, el hierro grito
y el plomo espesa lengua del verano.

Tembló la plata, el oro
improvisó un otoño de desmayos,
duplicó el cobre su veneno verde
y en el acero el viento se vio pálido.

Saltó una mineral tormenta como
un vendaval de hierro desatado.
Las viejas armaduras deshicieron
su historia. Los soldados
de plomo perecían en defensa
de sus inmóviles caballos.

Las campanas doblaban por vez última.
Salieron de su alvéolo los clavos,
y las sillas del parque sus tijeras
estrepitosamente replegaron.

Brilló la edad de los metales. Bronce,
cobre, cinc, hierro, acero, estaño.
Largas hojas sonaron al sol vivo
extendidas alzadas como manos
agitadas y rojas
por la sangre de hermanos.

Leopoldo de Luis
(Córdoba, 1918 – Madrid, 2005)

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Atraco a las tres. Adolfo Waitzman

Cuando hace 10 días trajimos Paco Paco a La perplejidad del buzo, sabíamos que detrás estaba Adolfo Waitzman. Teníamos, además de lo anterior, la visión de un director de orquesta ocasional de las que aparecían en programas de variedades de televisión en los años sesenta y setenta; cuando decía Joaquín Prats: "Dirige la orquesta el maestro... ¡¡Rafel Ibarbia!!", por ejemplo.



Lo que no sabíamos era la gran extensión de su obra como compositor. Nacido en Buenos Aires en 1930, se afincó en España desde principio de la década de los sesenta donde hizo, sobre todo, bandas sonoras cinematográficas. Un montón: 78  películas en total entre 1961 y 1978. Lo que es impresionante. 

También de su obra como director musical de discográficas y como compositor de temas de música ligera, muchos de ellos incluidos en películas, como varias canciones de Ana Belén o el twist final de la película El verdugo y....de la conocidísima sintonía del programa 1, 2, 3 de TVE, (SÍ, el de la calabaza).

Muchas de sus composiciones destilan una gran calidad compositiva y son muy atractivas en su orquestación; resultando, algunas de ellas, memorables. Como el tema principal de la banda sonora de Atraco a las tres, la estupenda y divertida película de 1962 dirigida por José María Forqué. Suena en los títulos iniciales de crédito, mientras, en blanco y negro, vemos a los que van a protagonizar la película que se van despertando para ir a trabajar al banco. Son 2 minutos y 57 segundos de un ritmo insistente que lleva el contrabajo y una melodía inicial con trompeta sola, que se reitera una vez más igual pero entrando en contrapunto el resto de la orquestilla. Hay un párrafo orquestal de enlace intermedio que lleva la final en que vuelve, como al principio, la trompeta y el contrabajo solos. 

La melodía aguanta muy bien una  reinterpretación en clave de jazz, moderna y electrificada, como la que realiza el grupo Dead Capo, que creo que son quienes la interpretan como cabecera de inicio del programa de TVE2 Historia de nuestro cine.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Minutejos eternos.

Cuando un bar como La Casa de los Minutejos se monta en un barrio popular en 1967 y en 2017 sigue igual; con parroquianos que van a tomar minutejos porque sí, porque los quieren y los pagan, (yo mismo que, desde 1974, sigo yendo, ahora muy de cuando en vez, porque frecuento poco mi  antiguo barrio); uno no puede por menos que quitarse el sombrero.



En un mundo cambiante se agradecen estos lugares inmutables, casi con visos de eternidad, que parecen el dinosaurio del cuento de Monterroso"... el dinosaurio todavía estaba allí"; o la madre de aquella antigua canción de Raimon:

"T'he conegut sempre igual com ara"

Los carteles en el techo entre los que no falta el más célebre: "¿cómo vas a tener reflejos si no comes minutejos?", los taburetillos de madera maciza, bajitos e imposibles en mesas bajitas e imposibles, terrazo en el suelo, la barra corriente, moliente y antigua, de la altura justa para poner el codo en posición  y carteles de bar de barrio - nada de pizarritas modernas con tiza blanca (señor ¡qué cruz!).

Y los minutejos, bien, gracias; como siempre: estupendos. La combinación del pan de sandwich especial de poco espesor con fiambre de oreja de cerdo finamente cortado y pasado todo por la plancha el tiempo justo, de forma que es levemente crujiente por fuera y jugoso por dentro junto con la salsa picante  al gusto; es imbatible para los que adoran esta tapa, (que no deben ser pocos después de 50 años).



El establecimiento está en la calle Antonio Leyva esquina Tomás Meabe, cerca de Marqués de Vadillo y "no tiene sucursales ni franquicias, ni falta que hace: el que quiera un minutejo no tiene más cáscaras que irse a Carabanchel.", como escribió hace 4 años José Ramón Márquez en la columna Estos son los minutejos que cantaba el rey David en el blog Salmonetes ya no nos quedan. Columna que a uno le hubiera gustado escribir tanto por lo que pone, como por la gracia y maestría del estilo. Acaba con el párrafo siguiente:

"El hecho de que la decoración de La Casa de los Minutejos siga manteniendo unas cartulinas con ripios pegadas al techo, que los que se encuentran detrás de la barra no demuestren la más mínima simpatía al cliente y que el horario se cumpla estrictamente a rajatabla hablan muy elocuentemente sobre la inmejorable salud de este negocio."


sábado, 11 de noviembre de 2017

La luna al telescopio. Miguel de Unamuno.

José María de Cossío indicaba que toda la obra de Miguel de Unamuno debería ser interpretada en clave poética. Siendo así, además Unamuno escribió poesía toda su vida dejando una vasta, variada y muy interesante obra poética. 


Miguel de Unamuno (entre 1925 y 1930)
(Mauricio Fromkes. Museo del Prado)

Dentro de ella, curiosamente, hay algunos poemas en que aparece la astronomía. Como en La luna al telescopio, en el que en la luna sin vida – como un vaciado de yeso – el poeta vislumbra el porvenir de nuestro planeta. 

La luna al telescopio

¿Ves la luna al telescopio?
Es un vaciado de yeso,
¡pobre Tierra!, ves tu propio
porvenir, que no es más que eso.
Mascarilla del pasado,
tumba que fue desde nido,
¡ay celeste vaciado,
cielo, vacío perdido!
¡Ay luna, luna lunera,
máscara de compasión
tú la íntima compañera
de nuestra revolución
en torno al sol y su lumbre
que nos velan la verdad,
vacío de pesadumbre,
espejo de eternidad!

Miguel de Unamuno. (Bilbao, 1864 – Salamanca, 1936)

Ver más en  La alegría de las musas 2