miércoles, 23 de mayo de 2018

La piel fina y la lengua muy larga

Es bueno que los políticos pasen a la posteridad con alguna frase incisiva, mejor si es dicha desde tribuna parlamentaria, que resulte memorable y digna de ser recordada y usada en adelante.

Despues de una intervención - de suyo va que fuera una rabiosa jeremiada independentista - del parlamentario de ERC,  Joan Sardá, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría le espetó: "Señor  Sardà, tiene usted la piel fina y la lengua muy larga", para pasar seguidamente a contestarle.


Recordé la frase al oir en RNE1 a un parlamentario del PDCAT - creo que Ferran Bel i Accensi, que fue amablemente inquirido por el locutor sobre las palabras, tweets y artículos varios del presidente Torras. Con un tono susurrante, que quería ser contemporizador y bastante calmado, el diputado nos hizo saber que: a) ya había pedido disculpas, b) que había que entender a Torras y su expresión, a veces, irónico, c) que quien lo conocía, sabia que era muy buena persona y, por último, d) que habría que darle cien días de cortesía.


Ligando con la ironía, el locutor comentó que parecía que se habían tomado mal las ironías de Albert Rivera, acerca de si Torras era o no el 131 eslabón o presidente de la Generalitat. Y ahí, al hombre tranquilo que parecía Bel, le salió la piel fina y dijo, bastante enfadado y tajante. "No, no; eso no puede considerarse una ironía...eso es un ataque a lo más profundo del sentimiento catalán". Con lo que apareció la piel fina y, también, la lengua larga.


Como yo no estaba muy al tanto, me puse, por un lado a buscar las palabras, escritos etc. del tal Torras y, en efecto: lengua muy larga, insultante para todos los españoles, supremacista redomado y nada, nada irónico.


Después me puse a rastrear lo de los 130 antecesores en la presidencia de la Generalidat. Encontré el artículo de El País, La "mentira" de los 131 presidentes de la Generalitat, escrito por Patricia Blanco. Que o te lo tomas con ironía o es vomitivo por falso, retorcido e interesado.


Piel fina y lengua muy larga, esa característica que, si bien se piensa, es bastante española y que el independentismo catalán extremista lleva al grado de exasperación.






viernes, 18 de mayo de 2018

¿Y la industria?


El 7 de mayo del presente, en el diario El País, una Carta al Director, de título ¿Y la industria?, lamentaba las ciudades fantasmas en que se están convirtiendo, (o están, en muchos casos, ya convertidos), los polígonos industriales. Y, en concreto, ahondaba, ¡ay!, en la desolación de los polígonos industriales de Rubí, para pasar a continuación, por extensión, a los de El Vallés Occidental, Cataluña y España.




Naves industriales en L'Hospitalet de Llobregat
(Carles Rivas. El País)
'
Me estremecí porque a uno, que ha pateado en el inicio de su vida profesional muchos de esos polígonos industriales de Cataluña, le cuesta creer que en los mismos, aún ahora mismo tras 10 años de crisis,  no subsista una buena parte de la gran industria que hubo en Cataluña  y que sí sean auténticas ciudades-fantasma como indica el comunicante. Porque auténticas ciudades-fantasma sí son muchos de los polígonos de la España central, muchos de los cuales, son una auténtica ruina aún sin haber nacido.

Hasta ahí, con la sorpresa del pesimismo del relato, que, francamente, yo creía que no había llegado a tanto el desmantelamiento industrial en Cataluña, la carta sigue con una acusación directa de ello al último gobierno de la Generalitat y al actual del Estado español. Y aquí es dónde disiento en parte. Es verdad que el apoyo  de la industria por parte de la administración es francamente mejorable. 

Pero también es cierto que ni en Cataluña, ni en España, ni en los municipios nos gobiernan marcianos. Nos gobiernan paisanos nuestros: españoles, catalanes (o de otras Comunidades autónomas) y de los diferentes pueblos y ciudades. Y hacen opinión pública periódicos, radios, televisiones, organizaciones, etc. Que también son de aquí.

Y hacen lo que creen que es lo correcto según el conjunto o mayoría de la opinión pública actual. A saber: que toda industria es sospechosa, cuando no directamente dañina y  si a regañadientes se acepta, que nadie la quiere en el jardín de su casa. Fábricas sí, pero en casa del vecino no en la propia. 

Ese estado de opinión, ese sentimiento se ha recogido y transformado en decisiones políticas que, junto con la globalización, han llevado en toda Europa a que descenso del peso de la industria en el PIB haya sido constante y muy pronunciado en la 3 últimas décadas, de manera que en la actualidad, se mantenga muy por debajo del 20% del total, (en España fue el 14% en 2016 y en Europa, sólo Alemania está por encima: 23%)

La industria, que es a efectos de empleo, de valor añadido y de innovación un bombón: lo más presentable de la economía española, (Enlazo a Análisis de la industria en Epaña de Andrés Macario, en el que pueden entrar en datalles y obtener otros informes como “La industria, motor de crecimiento” de la CEOE), merece más cariño, apoyo y un cambio en su valoración pública. Nuestra sostenibilidad económica y la vuelta a la dignificación del empleo en el fturo, dependen de ello.




miércoles, 16 de mayo de 2018

Tu la letra y yo la música. Pop! goes my heart.

Supongo que ya habrán notado mi debilidad y afición por el pop-rock de los años ochenta. Hay otra debilidad, hasta ahora no explicitada en La perplejidad del buzo, que son las comedias cienematográficas de finales de los noventa y posteriores como, en las que si hiciéramos un ranking, ahí estarían sin duda: Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill, Mi gran boda griega, Pricesa por sorpresa, Love actually...

En la confluencia de ambas aficiones nos encontramos con una película: Tu la letra y yo la música, cuyo título original era Music and lyrics de 2007, protagonizada por Hugh Grant y Drew Barrymore



En wikipedia se presenta el argumento:

Alex Fletcher (Hugh Grant), una estrella de pop acabada de los años 80, se ha visto relegado a trabajar en el circuito de la nostalgia, en ferias de pueblo y parques de atracciones. Ahora tiene la oportunidad de volver a escena cuando la diva pop del momento, Cora Corman (Haley Bennett), le invita a componer y grabar un dúo con ella. Pero hay un problema: Alex no ha escrito ninguna canción desde hace años, jamás ha escrito letras y tiene tan sólo unos días para escribir una canción de éxito. Sin embargo, Sophie Fisher (Drew Barrymore), la simpática muchacha que le cuida las plantas, posee un don de la palabra que llama la atención del compositor.

Pues bien, el grupo pop de los ochenta en la película, se llamaba PoP! y habría tenido el superéxito  Pop! goes my heart, que es una canción paródica pero muy resultona y el videoclip que habrían grabado en 1984 es, sencillamente descacharrante. 



El tema viene firmado por Andrew Wyatt, inquieto hombre de música, que hoy para como cantante del grupo sueco Miike SnowHay que ser muy buen músico y tener mucho oficio para inventar en 2007 Pop! goes my heart, una canción pop tan conseguida y perfecta para la película. 

Hugh Grant es el principal intérprete de la canción en el grupo PoP. Lo hace bien y es muy creible. También en su "famoso" golpe de cadera con el que baila los temas que interpreta en la película.

Tu la letra y yo la música es casi un canto del cisne de este tipo de cine que ya, desgraciadamente, parece no tener éxito y actualmente apenas se hacen películas de este tipo. Hugh Grant borda su eterno personaje de galán guapo y patoso, esta vez como cantante y compositor al que se le ofrece una oportunidad única para volver a brillar en el mundo de la música pop. Y, como no, una nueva oportunidad en el amor; con Drew Barrimore, ésta menos creible, que le escribe la letra de las canciones. Y todo acaba bien.

La otra canción estrella es A Way Back into Love, melódica y blandita, que es el eje argumental de la película, que por otra parte, funciona muy bien retratando el mundo y la vida de una antigua estrella pop ganándose la vida en actuaciones de medio pelo en convenciones y parques de atracciones. 

Muy recomendable para personas sencillas.

jueves, 10 de mayo de 2018

De excursión con Sursuncorda. Comida.

Cuando los amigos de Sursuncorda me hablaron del merendero de Terencio, (en donde íbamos a comer los parros asados), lo hicieron en unos términos casi apocalípticos; de forma que uno pensaba que se iba a encontrar algo rústico y descuidado, al estilo de "la taberna fantástica" de Alfonso Sastre o a los merenderos de la novela El Jarama.

Afortunadamente, ni hubo tal ni era para tanto. El restaurante merendero Terencio es un local muy apañado que, en la misma orilla del río Pirón, tiene dos zonas: una construida de bar y otra de entoldado-terraza  que es el merendero propiamente dicho. Además, hay que decir que al lado, las orillas del río Pirón, están habilitadas con tirolinas, etc. en unas instalaciones estupendas, que pueden ser utilizadas por todos pero que hacen las delicias, sobre todo, de los niños.



Lo importante fue la cosa de los parros. Que es como llaman por esta comarca a los patos que abundaban en las lagunas de la zona y, más tarde, comenzaron a criarse por las gentes de la zona que los reservaban para fiestas y para las festividades de Navidad. Lo que demuestra que no solo de cochinillo o de lechazo se vive en fiestas, en estas tierras segovianas de la comarca del Carracillo.

Por lo que podido averiguar, a los parros se les embadurna en la víspera con un adobo compuesto, básicamente, de vino y de diversas hierbas. Al día siguiente,una vez cogidos los sabores del adobo, se escurren y secan bien y se ponen a asar en el horno hasta un punto similar al de otros asados (que se desprenda la carne del hueso), dejando toda la grasilla del pato en el fondo, con lo que el resultado es diferente y muy rico y sustancioso. 





El menú es sencillo: ensalada y los parros en su fuente. Ni más ni menos, ni menos ni más.

Después de un toque de aviso a la dulzaina de José Luis, acompañado por Juanma al tambor, comenzó la fastuosa comida, con repeticiones varias de "mas parro" por parte de la mayoría, todo ello regado con vinillo de Rivera, agua y alguna fanta. 



Todo en su punto y medida, de forma que nos quedaron ganas, después de los helaos - postre único, también -  y los cafelitos, de hacer sobremesa musical - y recitativa por parte de Pajares - hasta bien entrada la tarde. (De la que, como soy un inútil y no se meter videos en el blog, no puedo poner imágenes de la actuación; que haberlas, haylas).

Con lo que echamos un buen rato en amor y compaña, con diversión propia y para la concurrencia. 



Bien entrada la tarde, en el turno de ruegos y preguntas; de las últimas no hubo, pero sí hubo un clamor general de que había que repetir más pronto que tarde el evento. 

Aprobada la propuesta por unanimidad, despedimos el sarao hasta el próximo San Parro.




miércoles, 25 de abril de 2018

Artimética amarilla. Gabino-Alejandro Carriedo.

En estos inicios de la tardía primavera de 2018, con toda clase de líos desparramados por doquier,  hasta las matemáticas se han vuelto un poco locas y la aritmética se ha puesto amarilla. 


Carriedo entre Federico Muelas (izda) y Ángel Crespo (dcha)

Una de las categorías clásicas de la poesía de contenido científico es el uso metafórico, simbólico o de imágenes de los números dentro de los poemas. A esa categoría pertenece Aritmética amarilla del poeta palentino Gabino-Alejandro Carriedo, uno de los poetas más valiosos, insólitos y secretos de la segunda mitad del siglo veinte.

Aritmética amarilla

10 + 12, 24
es lo matemático.
10+2, 22
es lo que dice Dios.
10 + 1, 21 es lo que dice ninguno.
10 + 0 es el número primero
después de 9, que es número
par, que es número
múltiplo de 9,
múltiplo del número de nieve,
y así que le quitas 2
es múltiplo de 7,
así que le quitas 3
es número 6,
y así que le quitas 4
es número de teatro,
5 para todos menos para mí,
puesto que para mí es 3,
que es lo que dice el ciempiés;
es 2,
que es lo que dice Dios;
es 1,
que es lo que dice ninguno.

Gabino Alejandro Carriedo. 
(Palencia, 1923 – San Sebastián de los Reyes, 1981).




De excursión con Sursuncorda. Aperitivo.

En Navas de Oro

Habíamos quedado en encontrarnos en Navas de Oro a la hora del aperitivo antes de la comida en el merendero TerencioNo sin trabajo, (baste con decir que para llegar a Navas de Oro tuvimos que salir del pueblo y volver a entrar), acabamos llegando, todavía después de alguna indagación adicional, a la Plaza Mayor. 




Escudo heráldico de Navas de Oro

Mientras Mª Cruz e Inma fueron a buscar el móvil de José al coche, entramos, en adelanto en el mesón Plaza Mayor. Muy limpio con una barra de pinchos no muy espectacular pero lucida. José me comento la afición en estos pueblos de comer estómagos de cerdo y los pedimos. Su nombre de guerra es cuajos (o cuajares). 

Los servían simplemente cocidos y fríos, con sal al gusto. Gustosos y con una especial textura (como toda casquería) pero sosos. Con un chorreton de aceite y pimentón o con un adobadito de matanza y un pase posterior por la plancha habrían estado mejor. Esto último fue lo que Pepi comentó que hacía ella con los cuajos. 

Después aparecieron Pajares y Pepi con Juanma y Loli y volvimos, ya todos, al asunto, con vinos verdejos, tintos de rivera y mas tapas: bacalao y gambas gabardina (buenos rebozados) y más cuajo. Pajares, José y Juanma recordaban, entre risas, sus andanzas de dulzaineros en la fiesta de San Cristobal del 10 de julio de este pueblo, con el multitudinario desfile de los camioneros y de los  camiones y de las bendiciones del cura del lugar.




El bar San-Bal

Después fuimos al San-Bal que es bar, restaurante y discoteca al tiempo, donde tomamos una oreja rebozada extraordinaria. Tajada grande sobre pan; rebozada con buen aceite y muy melosa. Me recordaba las tapas de lo mismo y de morro de Toro.

Despidiéndonos del San-Bal, con ello en el cuerpo y mejor que llegamos, dejamos Navas de Oro fuimos camino de Samboal, al encuentro del río Pirón, donde nos esperaban, en el merendero de Terencio, unos parros asados y el resto de la tropa Sursuncorda.




jueves, 12 de abril de 2018

Friso ultraísta. Guillermo de Torre.

Desde sus inicios, el cine y sus actores y argumentos han sido,  frecuentemente, tema y  objeto de la poesía. Además en muchos de los poemas pioneros en su contenido cinematográfico abundan referencias a las nuevas tecnologías que incorporaba el que luego se llamó séptimo arte: cinemática y óptica, sobre todo, pero también electricidad, megnetismo, química, etc. 


Un ejemplo de ello es el poema Friso ultraísta de Guillermo de Torre en que la “pantalla cinemática” provoca reacciones, sensaciones y neologismos ultraístas.


Friso ultraísta

Un clamor concéntrico,
estremece a los espectadores,
de nervios velivolantes,
y en el vértice multiédrico
del lumínico haz triangular,
se refractan miles de miradas dardeantes.

¡Oh el vibrar multánime de la pantalla cinemática!

Cabalgata de figuras adamitas
posesas del vértigo giróvago,                                    ANTENAS
en las praderas equinocciales

Horizontes paróxicos.
Subterráneas locomotoras.
LLAMARADAS                                               Constelaciones de aviones.
Sierpes de automóviles.
Ramilletes de hélices.

¡OH EL INEFABLE VÉRTIGO VIBRACIONISTA!

Interferencias de gestos antagónicos,
pasiones auríferas
     y complots sangrientos.
¡HURRA POR EL                                               ¡Un haz de fibras convulsivas
                    FILM                                           culmina en vértigo dinámico
          NORTEAMERICANO!                       la epopeya de la objetividad!...

Franjas multicromas se expanden:         (A un ángulo penumbroso
Persecuciones. Incendios.                           la incolora delicuescencia
Tiros. Salvamentos.                                     – besos, trucos y claro de luna –
del film italo y francés.)

El simultaneismo accional
                                            multiplica las diplopías.
CARAVANA                             
CINEMÁTICA

y las sensaciones dinámicas
                                   se inmovilizan unánimes
                                                              ante el objetivamente fotográfico.

Revista Grecia, Mayo, 1919
Guillermo de Torre. (Madrid, 1900 - Buenos Aires, 1971)